martes, 12 de mayo de 2015

El apego: un estilo de crianza que suma respaldo científico.



En los últimos años, los padres primerizos calmaron sus dudas acerca de cómo criar a sus hijos con respuestas que provienen de distintas teorías, métodos y técnicas, a veces sin demasiada comprobación. ¿Hay que darle de comer cada vez que el bebe lo demanda o conviene organizar una rutina con horarios? ¿Hay que alzarlo cuando llora o es mejor que aprenda a esperar?
Las librerías son un fiel reflejo de esa búsqueda: por lo menos 500 títulos prometen revelar los secretos de una crianza perfecta. Y siempre están los consejos que aportan a voluntad amigos y familiares sobre la mejor forma de dormir, alimentar o calmar al bebe con recetas propias o ajenas.
En ese contexto, la teoría del apego (propone no escatimar respuestas a cada pedido o necesidad del bebe) suma evidencia en su favor. "Hoy podemos responder científicamente a muchas de las preguntas que se hacen los padres, sobre todo los primerizos. La teoría del apego es la más sólida, sobre todo en los temas de desarrollo infantil", afirma la doctora en psicología Inés Di Bártolo, profesora de la Universidad Católica Argentina (UCA).
El apego -que tuvo y tiene sus detractores- acumula años de experimentos sobre el efecto que tienen distintos estilos de crianza durante una inmensa ventana de oportunidad: el primer año de vida. Tantos años de resultados se extienden ya entre generaciones y esa información empieza a desafiar prejuicios culturales.
"Aquellos bebes cuyas madres están más pendientes de ellos y les responden enseguida, lejos de volverse malcriados y dependientes, se vuelven más independientes, autónomos y seguros de sus recursos personales -indica Di Bártolo a modo de resumen-. Por eso, mi consejo a las madres es que nunca duden en alzar a un bebe que se lo pida."
El apego se define como un vínculo emocional que se forma entre dos personas, que no es exclusivo de la madre y el bebe, y es distinto de otros vínculos emocionales. "Está impulsado biológicamente y tiene una característica única: mantener y restablecer el equilibrio emocional. Sin esta regulación emocional, no se pueden llevar a cabo una serie de actividades psíquicas, como la exploración o el crecimiento -aclara Di Bártolo-. Todo lo que un bebe pueda llegar a conocer, a explorar, depende de esa regulación emocional."
Eso sucede, como explica enseguida, porque los bebes nacen sin la capacidad de autorregularse. Cuando la mamá, el papá o los abuelos alzan al bebe cuando lo pide, o juegan cuando quiere jugar, están construyendo esa capacidad si van descifrando qué necesita el bebe. "Lo que se pasa haciendo una mamá y un papá con un bebe chiquito es regularlo: el bebe llora y ellos tienen que calmarlo, pero buscando saber qué le pasa, sobre todo guiados por algo básico como «entrar en sintonía» a través de la empatía."
Esa sintonía emocional no sería tan abstracta. Di Bártolo cuenta que estudios por neuroimágenes detectaron que hay áreas del cerebro que se activan cuando interactúan bebes y adultos que están construyendo ese vínculo.
Desde los años 70, un experimento clásico de la teoría del apego refuerza la idea de que el sentimiento de seguridad, independencia y autonomía en la vida depende de esa regulación emocional inicial.
En la llamada prueba de la situación extraña, que dura alrededor de 20 minutos y figura entre los cinco experimentos más importantes en psicología del siglo XX, los evaluadores observan a través de un espejo el comportamiento de chicos de un año en una habitación llena de juguetes, desconocida y acompañados de la figura de apego, que suele ser la madre.
Durante el experimento, la madre sale del cuarto dos veces, dos minutos cada vez. "Lo más interesante de la prueba no es cómo se separan, sino cómo se reúnen", aclara Di Bártolo. Y no todos reaccionan igual. "La mitad de los chicos quiere que la mamá los alce, se abrazan a ella, pero rápidamente se calman y piden que los bajen para volver a jugar -explica-. En esos chicos, el apego es seguro. Cuando crecen, son simpáticos y empáticos. Ayudan a los demás y son más resistentes a las situaciones de estrés."
Pero la otra mitad reacciona de tres maneras bien definidas: son indiferentes y se distraen fácilmente (evitativos), son inconsolables y no quieren volver a jugar (ambivalentes) o se alejan o tienen otras conductas extrañas para la situación (desorganizados).
En todos esos casos, se habla de que existe un apego inseguro, según detalla Di Bártolo, ahora a modo de resumen de El apego y la intersubjetividad, un libro que acaba de terminar. Allí, en más de 250 páginas, describe la historia de todos estos experimentos, en muchos de ellos como investigadora, y su aplicación en la práctica clínica.
Los resultados sorprenden. Por ejemplo, revelan que un 80% de los chicos que están institucionalizados o que son víctimas de maltrato y abandono son inseguros desorganizados. En la población general infantil, esa proporción no supera el 15 por ciento.
En la prueba, todas las madres se comportan igual. Lo que varía es lo que hicieron los 12 meses previos. "Las madres de los chicos con un apego seguro habían estado más pendientes de las señales de su bebe (respondían rápido al llanto, la demanda de ser alimentados o alzados y a sus sonrisas). Estaban disponibles cuando los bebes parecían querer estar con ellas", dice Di Bártolo.
Los estudios que se están realizando sobre los efectos que tiene apego seguro al año de edad ya llegaron a grupos de adolescentes y jóvenes de hasta 20 años de edad y, también, entre varias generaciones.
"En el primer año, no hay que pretender que el bebe sea independiente, sino conocer sus señales y responderle -insiste Di Bártolo-. Es ponerse en su lugar y tratar de entender lo que quiere: no empezar a jugar si quiere dormir y no alimentarlo si quiere jugar, además de compartir cuando muestra sus descubrimientos. Es como aprender a hablar su idioma. Si uno le provee seguridad, será independiente cuando crezca, se acostumbrará al jardín de infantes, resistirá mejor los conflictos y se esforzará ante un desafío."
Para Flavia Tomaello, autora de un par de los títulos disponibles en las librerías, como Rutinas felices. Agenda para padres, seguir estilos de crianza "sólo porque se ponen de moda" no es lo más saludable para los hijos ni para los padres. "Creo en una paternidad más reflexiva y participativa, donde uno pueda sumarse o no a la teoría del apego, por ejemplo, si se coincide con lo que significa", opina la autora.
"No hay exceso alguno en la cantidad de upa y de mimos que uno puede entregar al hijo desde que nace", suele repetir la terapeuta y escritora Laura Gutman, reconocida referente de la crianza con apego, tema sobre el que ha vendido miles de ejemplares.
Escrito por Fabiola Czubaj
Diario La Nación, Argentina. Publicado en: http://www.lanacion.com.ar/1703753-el-apego-un-estilo-de-crianza-que-suma-respaldo-cientifico Página consultada día 12 de mayo de 2015. 

lunes, 30 de marzo de 2015

Conclusiones tesis doctoral "etnografía sobre la decisión del parto en el domicilio". Teresa Martínez, España.

Mis queridos/as lectores/as les comparto las conclusiones de una tesis doctoral sobre el parto en casa en la provincia de Alicante, España. El objetivo de la investigación fue realizar una etnografía sobre la decisión del parto en el domicilio. La autora es Teresa Martínez Mollá y cuento con su permiso para difundir su investigación. 


Conclusiones:

Los resultados de esta investigación han permitido, dando la voz tanto a las mujeres como a los hombres, corroborar las distintas hipótesis planteadas:

Las parejas que desean tener el parto en el domicilio buscan información sobre la atención que las mujeres, los padres y los/as recién nacidos/as reciben tanto en casa como en el hospital, así como sobre los posibles riesgos y/o beneficios; como se pone de manifiesto en las numerosas referencias que los/as mismos/as hacen a la lectura de libros y revistas, a las búsquedas en Internet, a las conversaciones con las profesionales que las van a acompañar en el parto y en las preguntas que hacen a conocidas/os que han vivido el nacimiento de su hijo/a en su casa.
El modelo estructural dialéctico nos ha permitido conocer las estructuras que influyen en esta decisión y el modo en el que estas parejas han comparado los diferentes modelos de atención para al final decidir que desean vivir el nacimiento en casa. Para ello han tenido en cuenta quién va a tomar las decisiones, cómo va a ser asistido el parto, de qué modo van a ser tratados/as la madre, el padre y el bebé, quien puede acompañarles…
Los valores que han desarrollado a lo largo de su vida junto con sus creencias sobre el proceso obstétrico y sobre la atención proporcionada en cada emplazamiento les llevarán a decidir que el parto en casa es la mejor opción, ya que es la que más favorece sus propios deseos e intereses de que el parto sea asistido respetando en todo momento sus derechos, evitando con ello una atención en la que esté presente la violencia obstétrica.

Con su decisión ponen de manifiesto la discrepancia con muchas de las creencias arraigadas en la sociedad que son producto del discurso médico tradicional, que considera que solo en el hospital está garantizada la adecuada atención al nacimiento, mientras que la opción del parto en casa pone en peligro tanto la vida de la madre como la del niño/a. Así, buscan recibir asistencia en su domicilio, dentro del modelo de atención personalizado, ya que tienen la firme creencia de que en este los resultados obstétricos son mejores porque se respeta en todo momento la fisiología del parto.

Igualmente, muestran su desacuerdo con el paternalismo característico del modelo intervencionista de atención que predomina en el parto hospitalario y en el que los/as profesionales ostentan la capacidad y los conocimientos necesarios para determinar aquello que es beneficioso para la madre y/o el bebé. En cambio, estas parejas consideran que la mujer es poseedora de ambos elementos, lo que le permite escuchar a su cuerpo y saber lo que le puede favorecer.

La firme convicción de que el parto tiene un valor espiritual y transcendental influye en la decisión de tener el parto en el domicilio. Para ellas/os es fundamental poder vivir este momento de acuerdo con su creencia de que el modo de nacer tiene efectos físicos y emocionales que van a tener repercusión a lo largo de toda su vida. Y están convencidas/as de que solo en el domicilio se les garantiza esta posibilidad. 
La participación de las parejas (marido, novio, compañero) en la decisión del parto en casa es altamente valorada y se reconoce que su apoyo es fundamental. La misma pone de manifiesto tanto características del modelo hegemónico como de los nuevos modelos de masculinidad/ paternidad en los que los atributos masculinos se flexibilizan. Así, junto al principio de autoridad propio del modelo hegemónico, que se puede ver en el hecho de que es imprescindible el apoyo del padre, también se muestran dialogantes y respetuosos con la decisión de la mujer.
El apoyo del/la profesional de la obstetricia es imprescindible para que el parto se produzca en el domicilio, pero su búsqueda se puede convertir en una ardua tarea, ya que es muy escaso el número de profesionales que asisten en el domicilio. Estos/as responden a la demanda de estas parejas de que en el nacimiento se respeten sus derechos teniendo en cuenta tanto las necesidades del/a madre/padre como del/a recién nacido/a y, sobre todo, evitando la violencia obstétrica.
La decisión de vivir el nacimiento en casa es vista por las personas que les rodean como una imprudencia o como una valentía. Con su decisión, se enfrentan al sistema médico imperante y al discurso en contra del parto en el domicilio que prevalece en la sociedad, arriesgándose a ser estigmatizadas, excluidas y penalizadas por no cumplir con la “normalidad” vigente.
Para que el parto se produzca en el domicilio se lleva a cabo una preparación y unos preparativos muy diferentes de los que realizan las parejas que optan por el parto hospitalario. Esto implica una mayor reflexión y toma de conciencia de la responsabilidad de ambos en el proceso obstétrico; al tiempo que deben emprender acciones como buscar al/la profesional, buscar financiación, preparar del hogar y planificar un posible traslado.
Estas parejas afirman que sería deseable que los/as profesionales sanitarios/as aceptaran que su responsabilidad acaba donde comienzan los derechos de la mujer, su hijo/a y su pareja. Derechos en los que se incluye el respeto a la dignidad, a la intimidad y a la integridad personal, así como a los principios de autonomía y no maleficiencia que muchos/as profesionales no son capaces de cumplir amparándose en la superioridad de su conocimiento y en una caduca interpretación del principio de beneficiencia.


Estas parejas instan a los/as responsables sanitarios/as a que en cumplimiento de las recomendaciones de numerosas instituciones y organismos internacionales se normalice la atención al parto domiciliario, incluyéndolo en la cartera de servicios de la sanidad pública. 

Teresa Martínez Mollá, 2015.


Si desean recibir más información o leer la tesis completa, escribir a: juntoalamujer@gmail.com

domingo, 29 de marzo de 2015

Profesionales que recomiendan que los recién nacidos no reciban visitas.

Los primeros nacimientos en una familia o en un grupo de amigos, los primeros nietos o bebés de la pandilla, suelen estar muy solicitados en sus primeras horas de vida. Nadie quiere perderse el gran acontecimiento del nacimiento del bebé, y todo estaría bien si no fuera porque, para la madre y el propio pequeño, no es lo más aconsejable que el recién nacido reciba tantas visitas.
Por ello en algunos hospitales y algunos profesionales médicos ya están haciendo lo posible para concienciar a los padres (y a las visitas) de que los recién nacidos y sus madres necesitan tranquilidad, por su bienestar.
Madre y bebé acaban de pasar por una situación más o menos estresante, la madre a menudo está exhausta, el bebé cambia el mundo de tranquilidad del interior del vientre por el ruidosos y luminoso exterior, y lo que más necesita esas primeras horas es sentir el calor de la madre, el contacto piel con piel, y ser amamantado precozmente.
Y todo ello es mucho mejor en un entorno tranquilo, que permita a la madre estar más relajada. Y es que nacer en un entorno acogedor y respetuoso no tiene por qué estar limitado al momento del parto, también en el postparto es necesaria la intimidad, ya hablemos de parto vaginal, ya de cesárea.
Por ello cada vez más médicos recomiendan que por lo menos las primeras 24 horas transcurran para el bebé solo con la compañía de su mamá y su papá, sin visitas, lo cual muchas veces puede generar resquemores entre los parientes cercanos.
De este modo se favorece el vínculo con la madre y se facilita la lactancia, pues la madre está más tranquila y en esos momentos en que no sabes ni cómo coger al bebé se agradece no tener espectadores que te pongan nerviosa. También se evita la transmisión de gérmenes, de más personas que tocan al bebé.

La primeras horas y los primeros días del bebé.

Todo esto es positivo porque las primeras doce horas son el momento más sensitivo para el bebé, particularmente en cuanto al oído y el olfato, por lo que es importante el contacto y la intimidad con la madre.
Incluso, hay profesionales que suelen aconsejar a sus pacientes que extiendan esa costumbre el mayor tiempo posible, al menos los primeros quince días, ya que si hay visitas en la casa la mamá tiende a estar menos con su hijo.
Y, por supuesto, la propuesta es tanto para la mamá como para el papá, el cual tiene cada vez más participación en todo el proceso, desde la sala de partos.
Por suerte, y aunque todavía queda mucho camino por recorrer, en los últimos años se han ido instalando con fuerza conceptos que tiene que ver con el respeto a los tiempos del proceso de parto y a los deseos de la madre, así como todo aquello vinculado al bienestar tanto de ella como del niño en un momento tan decisivo.
De todas formas, hay que señalar que hay distintos tipos de familias en la planta de maternidad de un hospital, desde las más escandalosas a las discretas, y por supuesto siempre la última palabra en cuanto a visitas la debería tener la madre o los padres.
Los padres deciden quién quieren en su habitación las primeras horas de vida del bebé. Ésta debería ser una decisión respetada y no cuestionada por familiares y amigos que pueden quedar excluidos de las visitas en esos primeros momentos.
Claro que se trata de una sugerencia y no de una imposición, pues son los padres los que tienen la úlitma palabra, y no creo que nunca veamos carteles en la puerta de la planta de Maternidad de “Prohibidas visitas familiares”.
Además, hay otra cuestión importante, y es que generalmente no hay una única madre por habitación, por lo que las visitas de una molestarán aún más a la otra, que no conoce a esa gente ni tiene por qué tener espectadores extraños. El silencio y respeto en estos momentos también es importante para el resto de madres y bebés que comparten habitación o planta.
Pero no está mal que se informe a estos y a sus familias de las necesidades de madre y bebé tras el parto, y por eso me parece estupendo que haya profesionales que recomiendan que los recién nacidos no reciban visitas durante esas primeras horas.

Publicado en: En Bebés y más | Buenas prácticas en la primera hora de vidaVía | Los Andes

martes, 10 de febrero de 2015

Científicos detectan células de los hijos viviendo en el cerebro de sus madres.


Células de sus hijos viven por años en el cerebro de las madres. La conexión entre madre e hijo es mucho más profunda de lo que pensamos; realmente el ser humano es un organismo plural, constelado por sus ancestros a nivel celular

Sabemos que células migran entre la madre y  el feto a través de la placenta, incorporándose a distintos órganos. Pero el nivel y la duración de esta migración no fue reconocida hasta poco tiempo, luego de que científicos empezaron a descubrir células masculinas viviendo en mujeres años después del embarazo.
Este fenómeno se conoce como microquimerismo. Un estudio examinó los cerebros de mujeres que habían muerto, descubriendo que el 60% de los cerebros contenía células masculinas. El microquimerismo es el resultado del intercambio celular a través de la placenta, pero recientemente se descubrió que esto también ocurre a través del cuidado maternal propio del amamantamiento e incluso se ha observado que los gemelos también intercambian células en el útero. Científicos consideran la posibilidad de que células de un hijo anterior puedan pasarse a otro hijo más joven a través de la placenta en su posterior gestación. Las mujeres pueden mantener células microquiméricas de su madre así como de sus embarazos y si tiene evidencia de que existe competencia entre las células de la abuela y de los hijos en la madre.
No se sabe del todo cual es la función de estas células pero se cree que pueden participar en la restuaración del tejido de manera similar a las células madre y se cree también pueden tener un papel en el sistema inmune. Se ha encontrado una mayor cantidad de células microquiméricas en la sangre de las mujeres sanas en comparación con mujeres que tiene cáncer de mama.
El mundo de las células microquiméricas prueba una vez más que el ser humano es esencialmente plural, es una colonia de seres, no sólo conectados a través de lazos emocionales sino también sociobiológicos. El individuo no existe: estamos hechos de muchos. La conexión entre la madre y el hijo es más profunda de lo que se imagina.


miércoles, 21 de enero de 2015

El parto es importante.

En nuestra sociedad, por desgracia, a menudo se considera el parto como un mero trámite, algo por lo que hay que pasar para poder tener a nuestro bebé en nuestros brazos. Nuestra visión del parto, por lo general, tiene una fuerte carga patológica, casi catastrofista, y albergamos muchas ideas falsas y llenas de prejuicios sobre el mismo. El nacimiento, en lugar de ser un acontecimiento bello y cargado de emoción, nos parece algo desagradable e incluso muy peligroso. Por ello muchas mujeres nos enfrentamos al parto deseando que acabe pronto y, si es posible, que no nos enteremos de nada. Nos aterra el dolor y vivimos el parto atemorizadas. No se nos ocurre pensar que podamos disfrutar con nuestro parto, que dar a luz puede ser una experiencia incluso placentera.
De esta manera, muchas mujeres esperan, desean e incluso piden al personal sanitario que las atiende durante el parto que “hagan cosas”, que aceleren el proceso y les eviten sentir lo que está ocurriendo en su interior. No solemos conocer, ni se nos explica, que esas intervenciones tienen consecuencias negativas para nosotras y nuestros bebés y que son perjudiciales para el normal desarrollo del parto. Se identifica erróneamente “parto intervenido” con “parto seguro”, cuando es justo lo contrario: si se interviene innecesariamente se pone en peligro la salud de los implicados.
Con frecuencia solo se valora que, al final del proceso, estamos vivas y nuestros hijos también, olvidando las secuelas físicas y psíquicas de las intervenciones sufridas. A veces, lo único que parece importar a las familias y al personal sanitario es que “el producto” del parto (como se denomina en obstetricia al bebé) haya sobrevivido al supuesto peligroso trance que supone el nacimiento, independientemente de lo que haya ocurrido durante el proceso y de cómo ello pueda afectar a madre, bebé y la relación entre ambos. Se resta importancia al parto en sí, y por tanto también al nacimiento. Parece que da igual nacer de una manera u otra, no se conoce o se prefiere ignorar cómo influye en un ser humano, el modo en que nace y cómo son sus primeros momentos, horas o días en este mundo.
Pero el parto sí importa y el nacimiento también. Es obvio que no es lo mismo parir con prisas que con tranquilidad, acompañada por alguien de confianza que sola, y no es igual dar a luz con cortes que sin ellos. No es lo mismo nacer cuando se está preparado, que ser forzado a nacer antes de tiempo. No es lo mismo nacer tras haber tenido sufrimiento fetal, que nacer sin haber sufrido ningún estrés. No es lo mismo nacer y encontrarse en los brazos de la madre, que nacer y sentirse solo y desamparado en una incubadora.

El tipo de parto influye en la mujer. Influye en su confianza en si misma y en los que la rodean. Influirá en cómo se sienta física y emocionalmente tras el mismo y en cómo se enfrente al cuidado de su bebé. El tipo de parto y la percepción que la mujer tenga del mismo influye en su vida reproductiva posterior, en su decisión de ampliar o no su familia en el futuro, y en que lo haga antes o espere más tiempo.

Por otro lado, el tipo de nacimiento influye en el bebé. Influye en su actitud en los meses posteriores, en su nerviosismo y la facilidad o dificultad que encontraremos para calmarle. Influye en el éxito o fracaso de la instauración de la lactancia. Influye en la manera en que ese bebé se relacionará con el mundo exterior, bien con curiosidad y arrojo o con recelo y miedo. Suele decirse que “la primera impresión es la que queda” y si la llegada al mundo del bebé es traumática, su percepción del mismo será la de un lugar duro y sin contemplaciones, lo que probablemente dejará una huella perceptible en su personalidad.

Cada parto es único e irrepetible, nacemos una sola vez, y lo que ocurra en esos momentos nos acompañará toda la vida. Porque esta experiencia nos marca, todos debemos velar por cuidar que tenga lugar de una manera saludable y satisfactoria. Por el bien de las madres, por el bien de los bebés, por el bien de todos, tenemos que tomar consciencia de que el parto sí importa y que no sólo es importante sobrevivir al parto, sino hacerlo de una manera sana y feliz.

Más información sobre este tema:

Compartido por: "El parto es nuestro"


Imagen de Amanda Greavette.


viernes, 19 de diciembre de 2014

La ceremonia del amanecer apache, el paso de niña a mujer.



La ceremonia del amanecer apache ha sido siempre un importante ritual en tribus apaches, y lo sigue siendo hoy en las reservas apaches. Sirve como una celebración para el cambio de una niña apache a mujer después de su primera menstruación. Dado que es uno de los días más importantes de la vida de una mujer en esa tribu, la ceremonia del amanecer apache ha sobrevivido la prueba del tiempo.

Su historia

La ceremonia del amanecer apache se produjo por el mito de la mujer blanca pintada, que se transmite en narraciones de generación en generación apaches. Después de que Estados Unidos asumió el control del continente norteamericano, los nativos americanos se desanimaron de la práctica de rituales como la ceremonia del amanecer. A principios de 1900, los Estados Unidos prohibió que cualquier ritual de nativos americanos se llevara a cabo y no levantó esta prohibición hasta que se aprobó la Ley de Libertad Religiosa Indígena Americana en 1978.

Función

La ceremonia del amanecer apache se lleva a cabo para celebrar el paso de una niña apache a la pubertad. Se trata de una ceremonia de cuatro días con cuatro días de preparación de antemano y cuatro días de descanso después. Se lleva a cabo poco después de la primera menstruación de la mujer apache. Después de la ceremonia, la chica es desde entonces considerada una mujer por el resto de la tribu y ella comienza a ganar un dominio sobre su propio poder espiritual, desarrolla el poder de curar y obtiene un impulso en la autoestima y la confianza.

Identificación

La ceremonia del amanecer apache es fácilmente identificable, ya que la mayoría de la tribu se centra en la (o posiblemente varias) niña(s) que están completando el ritual. La muchacha que se convierte en mujer da muchas bendiciones, sanidades y comida a otros miembros de la comunidad y a cambio ellos la bendicen y al mismo tiempo le desean una vida larga y próspera. Hay canto casi constante, oración y baile y la chica de vez en cuando corre en cuatro direcciones diferentes.

Características

Algunas de las características especiales que rodean la danza del amanecer apache implican las funciones de los demás miembros de la tribu apache, además de la chica que está experimentando el ritual de niña a mujer. La madrina juega un papel muy importante y debe ser alguien que ha proporcionado un modelo positivo para la niña durante toda su vida. Ella también debe ser lo suficientemente enérgica para apoyar a la niña durante toda la ceremonia suministrándole alimentos, bailando con ella y proporcionando una gran cena para todos en la ceremonia. Otro participante clave es el curandero de la tribu, que dirige la mayor parte de las canciones y bailes y con frecuencia instruye a la gente sobre dónde y cuándo bailar y cantar.

Evolución

Aunque la ceremonia del amanecer apache comenzó como una ceremonia de cuatro días, hoy en día es muy poco común ver una ceremonia del amanecer en una reserva apache que dure tanto tiempo. Por lo general, las ceremonias de la salida del sol se agrupan para tratar de incluir a la mayor cantidad de niñas como sea posible para no tener que hacer varias ceremonias en la misma época. Además, las ceremonias por lo general sólo incluyen uno o dos días de baile y canto y las partes de preparación y descanso de la ceremonia sólo se observan por las personas que tienen los papeles principales de la ceremonia, en todo caso.

Texto: David boston | Traducido por Juan Ignacio Ceviño
Compartido por: Sophia Style, www.mujercíclica.com





Maternidad rebelde.