miércoles, 3 de abril de 2013

Mensajes para el alma.



"Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar dentro de ti todas las barreras que has construido en contra de él". 
Rumi. 

Mensajes para el alma.




"Cuanto más des de ti mismo, más abrirás la puerta para que la abundancia fluya en tu vida".

domingo, 24 de marzo de 2013

En el vientre materno...






En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:
-¿Tú crees en la vida después del parto?
- Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.
- ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
- No lo sé pero seguramente... habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
- ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
- Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
- Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
- Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
- ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella?
- ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
- ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
- Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?... Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella...

Autor desconocido.
Edición Daniel Cipolat.


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jueves, 21 de marzo de 2013

Entrevista con el doctor Frederick Leboyer. Parto y nacimiento.



En la historia reciente del siglo XX, se hablará de antes de Leboyer y después de Leboyer. Aunque ha habido algunos notables predecesores, Leboyer fue el primer médico, jefe de servicio hospitalario, que se interrogó sobre el traumatismo del nacimiento y las condiciones en que éste se practicaba en los hospitales modernos del mundo llamado “desarrollado”.

En su investigación personal, decidió a renunciar voluntariamente a sus funciones y a sus títulos para consagrarse a escribir libros, a hacer vídeos y propagar la idea de que es posible otro nacimiento que sobrepasa la limitada dimensión médica.

P: Pregunta.
R: Respuesta.

P: El nacimiento me parece el ejemplo tipo de suceso único en el tiempo, de un hecho absolutamente no reproductible. ¿Algo que desafía la aproximación científica?

R: Ciertamente. Cada instante es nuevo, cada nacimiento es distinto. Quererlo abordar científicamente es un error. Como la ciencia solo se interesa por los hechos reproductibles, está por su esencia misma alejada de la verdad. Sólo es posible aproximarse a la verdad mediante símbolos, parábolas, ya sean cristianas o de las otras mitologías, incluso las que empleaba Freud. Cuando la aproximación científica no funciona, desgraciadamente, pensamos que hacen falta más conocimientos, más investigaciones, más créditos y que entonces sabremos. Hay que tomar otro camino, otra actitud, otra perspectiva. Hay que considerar que la ciencia sólo es verdad entre ciertos límites. Más allá, ¿qué somos? Lo ignoramos. Pero vivimos aún en esta ilusión del siglo XVIII y XIX que pretende que la ciencia podría finalmente explicarnos todo.

El nacimiento es un cambio de nivel. Y es por ello que hay que dejar de verlo como un problema médico, biológico, fisiológico. No hay que mirarlo con nuestros ojos de médicos, ni de seres humanos. Es otro lenguaje, otra dimensión, como la muerte. El nacimiento es una intersección de la duración, una entrada en el tiempo cotidiano, ordinario.

P: ¿Dónde empieza y dónde acaba?

R: Es el problema del tiempo. ¿Dónde comienza el tiempo?

Entreveo cada vez más, sin entenderlo completamente, que todo lo que he escrito sobre el nacimiento se aplica de hecho también a la muerte. Es la muerte que estoy intentando contar, comprender, adivinar. No es un paralelismo lo que veo entre ellas ni una simetría, sino otra cosa.

Pienso que este miedo intenso del nacimiento, que es a la vez el que vive la madre y el que vive el bebé, tal vez es el miedo de su muerte precedente.

El miedo es el problema central. Y en cada uno de nosotros existe un agujero negro, una zona en la cual no queremos ir de ningún modo. Ignoramos su existencia; hasta tal punto es aterradora. Pero hay que aproximarse a ella suavemente, con persistencia.

P: ¿Cómo hacer para desembarazarnos de esto?

R: La única forma de liberarnos es tener miedo. Pero, habitualmente, tenemos miedo de tener miedo. Hay que aceptarlo e ir a ver. Alguien puede ayudar por su presencia, su tranquilidad interior, puede ayudar a daros el coraje para entrar en los miedos. Es muy peligroso y no creo que esto se pueda hacer en un seminario que dura de 2 a 3 días. Hay que vivir completamente cerca de un maestro que se volverá vuestro padre y vuestra madre, que está ahí, noche y día, y que nunca os dejará solos, pero de hecho estáis completamente solos, puesto que en el fondo la muerte es la soledad. Pocas personas tienen la capacidad, la fuerza, la disponibilidad, el amor y la motivación interior para asumir una responsabilidad tan importante. Hay que tener cuidado de a quién nos dirigimos.

P: ¿Nos falta un poco de discernimiento?

R: Todos tenemos una falta de discernimiento. Si pudiéramos juzgar a las personas que pueden ser capaces de ayudarnos a este nivel, ya no los necesitaríamos. Tenemos derecho a equivocarnos, pero esta equivocación puede ser peligrosa.

El hombre también tiene miedo aunque no lo sepa siquiera. Sus miedos son tan fuertes, tan profundos, tan escondidos en el fondo del subconsciente que tenemos miedo de confesárnoslos. Es preciso hacerlo. Observé que tras mis conferencias y las proyecciones de mis películas, siempre son los hombres los que plantean las preguntas. Lo esencial de la angustia vivida durante el embarazo es angustia del hombre que la mujer absorbe inconscientemente. Esta angustia es mucho mayor en el hombre que en la mujer porque la vida pasa a través de la mujer y no a través del hombre. Los hombres nunca conocerán esto, y esto es algo para ellos inadmisible, inaceptable. Es lo desconocido absoluto, un misterio incomprensible, un terreno en el cual nunca podrán aventurarse. Su mente lo interpreta completamente diferente de lo que lo hace la mujer.

P: Si la mujer es receptiva a la angustia del hombre, éste tiene pues un gran papel que jugar desde el nacimiento y antes, en la preparación para colocar en el mundo a un niño.

R: Habría incluso que decir que la mujer debería protegerse de su hombre... ¡No!. Si se protege de él, se corta de él y no debe hacerlo. A partir del momento en que se encuentra fuerte, a partir del momento en el que ha ampliado sus raíces o toca su fuente, puede percibir de forma diferente la angustia de su marido, que es la angustia de su infancia y de su nacimiento. Puede suavemente atraerla, pacificarla, calmarla, liberarla. Una mujer es a la vez la hija, la hermana, la madre de su marido y, mucho más aún, un baile en el cual los papeles, las polaridades cambian, se invierten. Por el hecho mismo de que esta angustia sea aceptada, mientras que había sido negada por la madre del marido, desaparece.

P: ¿Cómo puede intervenir el padre en la relación madre-feto?. Pienso que debe ser con mucho amor, con una gran aceptación del uno y del otro. Debería dejar que las cosas sucedieran, incluso si no comprende siempre lo que sucede.

R: Es decir, que debería desaparecer y esto es lo que le aterroriza. El hombre siente que su mujer ya no está ahí completamente con él. De pronto, aparece un intruso en su pareja. Tiene la impresión de perder a su mujer, de ser engañado o relegado.

El hombre debería aceptar porque no tiene otra opción. Debería tener la sabiduría de dejar que su mujer se fuera con ese amante perfecto, absoluto, que se encuentra en su vientre.
Una amiga que tuvo dos hijos me dijo estas palabras maravillosas: “cuando una mujer espera un bebé, a partir de un cierto momento, entra en un estado extraordinario, ya no espera nada, está llena”. En la vida, esperamos siempre algo, un libro, una película, un amante, un hijo... Ella había salido de la duración, en la medida en que estaba completa. Este estado de plenitud donde por fin no esperamos nada porque nada falta es indescriptible...

P: Sin duda nos acercamos a la experiencia mística...

R: Exactamente. Los hombres intentan revivir lo que le sucede naturalmente a la mujer. No pueden lograrlo más que volviendo a su propio nacimiento puesto que ellos mismos no pueden dar a luz. Todos los caminos iniciáticos son retornos al seno de la madre para revivir este estado de fusión total.

P: Para que la mujer pueda vivir plenamente esta dimensión ¿no sería preciso que parte de estas preocupaciones terrestres de orden psicológico o médico puedan ser olvidadas o apartadas?

R: No. Cuando estáis enamorados, ¿acaso os ocupáis de vuestra fisiología? No necesitáis nada, nada os afecta. Muchas mujeres que he encontrado han vivido así su embarazo a partir del quinto o sexto mes. Estaban en un estado de gracia.

P: ¿Eran fortalezas?

R: Sí, nada podía afectarlas, nada podía sucederles. El marido tiene dificultades para soportar estos embarazos bendecidos, maravillosos. No soporta no poder seguir a su mujer, no poder vivir lo que ella vive. Entonces, si no llega a integrarlo o a comprender su angustia, busca poner en práctica todo el arsenal de lo racional –la genética, la higiene, la asepsia, etc...– para luchar contra ella. Todos estamos ahí. Comprender y comenzar a entrever qué mecanismos se encuentran detrás de esta angustia ayuda a liberarnos de ella.

P: ¿Qué sucede en la conciencia de una mujer en el momento del parto?

R: La mujer que ha tocado las profundidades de sí misma deja de estar limitada en su cuerpo durante el parto. De golpe se vuelve una, con la Madre Divina, es decir, con la vida, con la tierra. Percibe que algo sucede a través de ella. El miedo de la gran experiencia iniciática donde de golpe se caen los nudos del pequeño yo mental. Esta fantástica ampliación del campo de conciencia da tanto miedo que la mujer se defiende de ello desesperadamente. Se agarra a cualquier cosa. Está ahogándose y entonces es preciso que una persona que ya haya vivido esto, que ya se haya ahogado, tenga el coraje de decirle “ahógate”, que la deje ahogarse, morir. Pero a menudo se muere ante nuestros ojos: he visto a mujeres volverse blancas, verdes, tener sudores fríos, su cara se hundía como la de una agonizante. Han pasado por la muerte, después han vuelto a la vida.

P: Debe ser extremadamente difícil no hacer nada en estos casos.

R: Muy difícil, imposible incluso, en la medida en la que no habéis revivido y sobrepasado vosotros mismos esta angustia. Es por eso por lo que los médicos tienen pánico. Porque nunca han rozado estas cosas y se cierran en cuanto afloran. Entonces hacen una perfusión, hacen cualquier cosa, se agarran a la técnica para no revivir sus propias angustias del nacimiento. La acción desanuda siempre la angustia. En el fondo, el que asiste a un nacimiento difícil o peligroso, durante el cual se aproxima desde muy cerca de la muerte, comienza a ver surgir su propia angustia ante la muerte y dice: “Señora, su niño está en peligro” y hace algo para aliviar su propia angustia.

Pero cuando una mujer vive esta experiencia hasta el final, ¡qué transformación!. Una amiga que la vivió en su tercer hijo me dijo después, que este niño era verdaderamente su primer parto, que lo había vivido de cabo a rabo porque había descendido al fondo del abismo y había remontado. Su vida se transformó después completamente.

P: ¿La tecnología moderna no es peligrosa? o ¿no aporta un peligro suplementario en la medida en que encuentra siempre nuevas astucias para evitar afrontar esta angustia?.

R: Absolutamente. Hay que aceptar esta dimensión de la angustia y de la muerte. Cuanto más se le da la espalda, más presente está. Estar vivo es aceptar la muerte que es siempre posible. Negarla a cualquier precio nos conduce directamente al “mejor de los mundos”. Creemos que es la falta de hospitales, de dinero, de monitorización, lo que impide alcanzar el 0% de mortalidad. Pero es una ilusión creer que podríamos llegar a ello. No quiero con esto decir que deberíamos ser fatalistas. El hacer o el no hacer es difícil. Lo que no impide que el médico juegue su papel: no debe dejar morir a sus pacientes. Pero debe aceptar también esta dimensión del fracaso y hacer que la gente la comprenda.

P: ¿A partir de qué momento el niño está vivo? La respuesta a esta pregunta parece condicionar la actitud que se toma con relación a él.

R: ¿A qué llamáis vivo? ¿Físicamente vivo? Entonces está vivo desde la concepción, desde el instante en que el espermatozoide entra en el óvulo, donde se produce la mitosis. Todo esto está vivo, se mueve, se transforma.

P: No hay discontinuidad de la vida en la división celular, ya sea en una bacteria o en un ser humano, pero hay un momento donde aparece la conciencia.

R: Tengo que ser honrado en esto y os responderé que no sé nada, puesto que no deberíamos responder más que en el nombre de nuestra experiencia personal. Dicho esto, parece que habría una conciencia antes incluso de la concepción, pero no sé nada de a qué podemos ligarla materialmente.

P: Tal vez existe, pero no se encarna más que en un cierto momento.

R: Lo ignoro. Es muy peligroso abordar este tema con el lenguaje hasta el punto de que Buda mismo se negaba a responder. Debo contentarme con citar anécdotas que nos aproximan un poco a la comprensión del buen nacimiento que he intentado describir.

Tomemos las cosas al revés. ¿Qué sucede después del nacimiento? Vemos que para el niño, el hecho de nacer es hasta tal punto intolerable que se niega a nacer de todas las formas posibles. Lo niega con su cuerpo, cierra los puños, los ojos. No está ahí. Simbólicamente sigue siendo un feto. ¿Cómo vencer su miedo al mundo? El miedo desaparece desde el momento en que se pueden encontrar referencias. El miedo absoluto es lo desconocido absoluto, de ahí la importancia del baño. Reencontrando este elemento acuático, el niño vuelve a revivir una percepción ya conocida y familiar. Pero hay que hacerlo entrar en el baño extremadamente lentamente, empezando por los pies, hacerle revivir su nacimiento a la inversa. El gesto, la respiración, deben ser continuos. El niño entra en el agua, retorna al seno materno. Es a la vez nacido y no nacido. No nacido puesto que está de nuevo en esa relajación absoluta y nacido puesto que ya no está en el útero. Entonces, empiezo a masajearlo muy suavemente y se ve que empieza a mirar. No se contenta con abrir los ojos, mira. De la misma forma, se puede uno preguntar sobre cuando el niño está ahí durante el embarazo. Una mujer sensible que ha hecho un cierto trabajo sobre sí misma lo percibe. Os citaré el maravilloso testimonio de Francoise Dolto. Cuando esperaba a su primer niño, un día, al remontar la calle se encontró de pronto persuadida de que alguien la seguía, pero no había nadie. Siguió andando y después de unos minutos tuvo la misma impresión, se volvió y no encontró a nadie. Al cabo de 4 ó 5 veces de tener esa sensación, comprendió que era su niño. Estaba aproximadamente en su sexto mes de embarazo. A partir de este momento supo que alguien estaba ahí.

Desgraciadamente, es poco frecuente que las mujeres sean tan conscientes de lo que sucede durante su embarazo. En la escuela les han hecho cultivar el cerebro izquierdo únicamente y han sido cortadas de esta dimensión no ya instintiva, sino intuitiva.

P: Pero ¿a parte de estos casos excepcionales...?

R: En general, hacia el quinto mes, la mujer siente que el niño está vivo. Se mueve, da golpes con los pies, posee un hígado, un cerebro, etc., pero no está ahí de la misma forma. Las diferentes tradiciones religiosas colocan la entrada del alma en el cuerpo del niño en edades diferentes...

En el fondo, el momento en el que el niño nace es cuando la mujer lo siente, no físicamente por sus movimientos, sino cuando percibe su presencia. A partir de este momento, debería darle como mínimo un ¼ o ½ hora de escucha todos los días. Aconsejo a las mujeres embarazadas encerrarse en una habitación, solas, y decir a su hijo: “estoy aquí, ahora, te escucho”. Si no se hace, no lo escuchará jamás.

P: Nacer es nacer al mundo, es estar en el mundo. En tanto en cuanto el niño no lo ha reconocido o no ha aceptado el mundo ¿ha nacido realmente?.

R: No lo sé. Pero podemos decir que cuando el niño ha aceptado su nacimiento está aquí. Antes está vivo. Ha salido de su madre pero no está aquí. Para hacerle aceptar su nacimiento hace falta mucho amor, desinteresado, amor neutro que no pide nada.

P: ¿Se termina el nacimiento?

R: ¿De qué nacimiento hablamos? Hay el nacimiento de un niño, es decir, su venida al mundo. Una mujer pare un bebé que sale de ella. Pero también hay el nacimiento, el renacimiento personal.




Alfredo Embid
Publicado en la Revista Asociación Medicinas Complementarias nº 71
www.amcmh.org

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miércoles, 20 de marzo de 2013

Ser como "invisible" para los demás.



Nadie parece notarte, prestarte atención, ni darte mucha (si acaso alguna) consideración. A veces pareciera que nadie te presta atención. Aunque esto puede crear sentimientos incómodos de falta de respeto, irreverencia e incluso abuso, debes saber que las personas que no te están “viendo” se encuentran en un espacio completamente diferente. En el viejo mundo, muchas personas todavía no han evolucionado a partir de sí mismas, y por lo tanto, están viendo a través de una pared sustancial de densidad o ego. Todo se trata todavía acerca de lo que hay dentro de ellos, puesto que todavía no están listos para ver que todo a su alrededor es parte de un hermoso todo, que todos y cada uno de nosotros somos una luz brillante que compone ese todo, y que todos somos uno. Mientras más alto vibramos, más invisibles nos volvemos, y más notable es. Tú sabrás cuando seas “visto” y "reconocido", y éstas son las personas con las que a la larga decidirás pasar tu tiempo. Los espíritus de la naturaleza siempre nos ven, y es maravilloso pasar el tiempo en torno a ellos. Permanecer en tu santuario personal también puede ayudar. A medida que más y más almas en el planeta empiezan a no tomar las cosas personalmente, van a ser liberados y empezar también a ver lo que está a su alrededor.



Compartido por El Despertar de la Conciencia (Los Síntomas)

martes, 19 de marzo de 2013

Fases lunares


Según la medicina tradicional china, la circulación de la sangre y de la energía vital guarda una estrecha relación con los periodos lunares. Por esto, resulta preciso regular y estimular el flujo de la energía vital y de la sangre antes y después de la menstruación.

Luna Nueva: 
Luna negra, relacionada con el arquetipo de la sabia, de la bruja. Es una etapa de profunda transformación interior, de oscuridad en la que se generan todas las formas de la existencia.
Es un momento pasivo, de introspección, cuando las energías físicas están al mínimo, pero se activan todas las psíquicas. 
Es un momento perfecto para desprenderse de lo viejo e inservible, y para sentir, para estar en silencio y percibir la energía de todo lo que nos rodea, para dejar la acción y estar receptivos.
Cuando la luna empieza a crecer llega el mejor momento para emprender cualquier idea, proyecto o deseo que haya surgido de este estado de interiorización, llega la época para sembrar. Esta etapa contiene el impulso para la fase posterior de crecimiento.

Luna Creciente: 
La luz crece. Esta asociada con el arquetipo de la virgen, la que esta receptiva a cualquier experiencia nueva, con énfasis y alegría. Aquí empiezan a manifestarse las energías que hemos recibido en la etapa de la bruja. Es un tiempo de acción física y social, para ponernos en movimiento.
Ahora la energía es radiante, mundana, y extrovertida. La semilla que plantamos ha brotado.

Luna Llena: 
La luna es un espejo, refleja toda la luz del Sol, es el momento de plenitud de florecimiento, el tiempo de los frutos. 
Esta fase la asociamos al arquetipo de la madre, la que nutre y sustenta todas las formas de vida. 
La energía esta en su máximo esplendor. Si en este momento estamos equilibrados podemos percibir las energías mas sutiles y elevadas, captar las relaciones con los demás de una forma sencilla, humana y plena. En esta etapa aumenta nuestra sensibilidad.

Luna menguante: 
Es el momento de recoger los frutos, de evaluar lo que sembramos consciente e inconscientemente.
Fase asociada al arquetipo de la doncella. La que puede experimentar toda la energía sexual sin miedo, libremente. 
Entre la luna llena y la luna nueva, el cuerpo tiende a eliminar las toxinas, optimizando los efectos de una dieta depurativa. 
El ciclo lunar se cierra, y en esta etapa comenzamos a dirigir de nuevo toda la energía hacia nuestro interior. 
Es hora de purificar, de relajarnos, centrarnos, y compartir aquello que hemos aprendido, y conectar con nuestros deseos para volver a sembrar.

lunes, 18 de marzo de 2013

Fases emocionales del duelo


Shock
Esta etapa puede durar unos minutos o varios días. Es ese momento en el que la conciencia de que lo que está ocurriendo nos cae encima como un jarro de agua fría. El cuerpo se queda bloqueado, quieto, mudo...

Negación
No queremos creer lo que ocurre. Sensación de que la realidad es sueño y de que lo irreal es verdadero. Pensamiento habituales son: "No es posible que esto me esté ocurriendo a mí", "No puede ser", "Ahora oiré el despertador y me despertaré en mi cama"...

En esta fase pueden permanecer todas esas personas que nos dicen: "ya tendrás otro", "hay que vivir"... Es su manera de no revolver su propio pasado y sus propias creencias. Quién sabe si estas personas no pasaron por experiencias similares y en lugar de crecer, negaron sus sentimientos de pérdida. Se han convertido en "ciegos" que no ven el dolor ajeno porque un día decidieron no ver el suyo propio. 

Negociación
Empezamos a creernos lo que está ocurriendo y comienza una negociación contra reloj con Dios, contra el Universo, contra todos nuestros valores anteriores. "Si dejo de fumar, si hago reposo, si me porto bien... ¿me recuperaré?". Algunas veces, da resultado, y nos dicen que no todo está perdido, que con mucho reposo o esta medicina o lo que sea, nos recuperaremos y tendremos al bebé. Las más de las veces, la Vida no está en nuestras manos.

Ira 
La ira sana, la que lleva a defender/se, a buscar responsabilidades más allá de uno mismo y devolverles la parte de responsabilidad que no nos corresponde. Y recuperar la dignidad. Sólo cuando esta etapa esté vivida se podrá pasar a la siguiente.

Tristeza
La tristeza serena. Cuando uno ha expulsado toda la rabia y, por fin, puede llorar. Llorar por quien se ha ido y ya no estará más; llorar por esa parte de uno mismo que también perdemos irremediablemente; llorar por la situación que muere para dar paso a otra tal vez no tan agradable. Llorar por una misma, por el dolor que desgarra, porque el llanto calma y las lágrimas saladas desinfectan y ayudan a sanar la herida; llorar por el dolor de nuestros semejantes, que se asemejan a nosotros más que nunca; llorar por el Dolor con mayúsculas.

Aceptación
La aceptación supone haber aprendido a soltar cada día la mochila que sin querer vamos cargando. Mochila que lleva el peso de quienes no están y de quienes estando, no lloran a los que no están. Y ése es un peso que nos imposibilita continuar adelante.

Soltar, aflojar, sanar, caminar sin pesos, con la cabeza bien alta y el sol y la brisa acariciándonos las mejillas...

Siempre que haga falta, sin vergüenza, sin pesar por "haber fallado", por haber caminado hacia atrás, por no sanar más rápido (todo lo rápido que los demás quisieran por lo incómodo que les resulta nuestro llanto hondo y sincero).

Todas estas fases no hay que tomárselas como algo lineal, una etapa no ocurre a continuación de la otra. La Vida es una gran Rueda y todo tiene su tiempo. Cuando pasa todas las fases, comienzas otra vez. Nunca es lo mismo, porque ya tienes un conocimiento previo. De hecho, lo que he descrito sería un paso previo a la sanación.

Realmente, la primera vez que pasamos por todo esto no nos enteramos de nada. Normalmente, después de la fase de Negociación, solemos entrar en una fase depresiva mezclada con ira. A las mujeres no se nos está socialmente permitido enfadarnos. Aunque se está comenzando a superar este tabú, lo cierto es que tenemos muchas dificultades para expresar nuestro enfado después de generaciones de adoctrinamiento en las que se nos ha dicho que "tenemos que ser buenas chicas". Como dice Klarissa Pincola Estés, somos lobas domesticadas, pero debajo de la falda y las puntillas, asoma una hermosa cola de Mujer Salvaje. 

Así que entramos en un tiempo en el que la ira queda hacia adentro, solapada por la tristeza (más socialmente aceptada, aunque no demasiado). Pero el que no vayamos por ahí soltando tacos y puñetazos, no significa que toda esa violencia no esté. Nos la comemos. La dirigimos hacia nosotras. Es una etapa marcada por el autocastigo (en mayor o menor grado) propiciado por la culpa (creencia irracional). Hasta que no se sea capaz de pasar de la culpa a la responsabilidad por uno mismo, no se pasará a las etapas siguientes: Ira Sana, Tristeza Serena, Aceptación...

El duelo es un camino de aprendizaje del que precisamente hemos de aprender algo, como un camino de iniciación, una oportunidad que nos da la vida para desperezarnos y recuperar nuestra naturaleza salvaje, nuestra Fuerza, la diosa arquetípica que habita dentro de cada una. Si no aprendemos en la primera vuelta, se nos darán todas las oportunidades que necesitemos, según nuestros tiempos de aprendizaje.

Así, la última fase del duelo será: Recomenzar la rueda siempre que haga falta.

Es bueno chequearse emocionalmente de vez en cuando y comprobar en qué fase me encuentro, o dicho de otro modo ¿qué estoy sintiendo en estos momentos?

Un duelo sano tarda en superarse (aproximadamente) entre un año o dos. A veces más. El duelo patológico puede prolongarse durante años en el tiempo solapándose con otros conflictos, sumándose a otros duelos no resueltos.

Cada persona pasa su propio proceso de elaboración del duelo. Hay quien necesita 6 meses solamente. Hay quien se detiene más en una fase o en otra...

Suele ocurrir que, aunque uno ya esté "mejor" según se acerca la fecha de aniversario en que sucedió el hecho traumático, parece que hay una recaída. Vuelven recuerdos, emociones, tristeza, malestar... Es normal. La Vida es un gran círculo que gira y nos vamos encontrando en el tiempo con determinadas experiencias. Pero no somos los mismos. Vamos adelante con nuestra mochila cargada de experiencia y sabiduría. Y herramientas con las que hacer frente a esos reflujos de dolor.

Muy importante: para hacer del duelo un momento pleno de nuestra vida: darse permisos, para llorar, reír, pedir abrazos, dar achuchones, cuidarse, quererse... Darse el tiempo que uno necesita. Para ello es fundamental conocerse y conocer el propio ritmo de sanación.

Escrito por Mónica Alvarez. 
Psicóloga, Terapeuta de Pareja y Familia, Kinesióloga.

Compartido por SolMunozDoula: