sábado, 16 de marzo de 2013

Mensaje de Amma.




Cualquier cosa que intentes para aumentar el amor en ti, nunca te acercará al Amor.

Si puedes realizar que no hay nada que realmente puedas hacer, ese es el comienzo del Verdadero Amor. En la Espiritualidad, el momento en que te vuelves Plenamente Consciente de que no hay nada que "Tu" puedas hacer, en ese momento todo ocurre.
Mientras sigas intentando, nunca podrás experimentarlo. Ese "intento" es el problema, ese "intento" te aleja de lo que estás buscando. Entonces debes tomar consciencia de que todo esfuerzo es inútil. Todo esfuerzo en el camino espiritual resultará inútil. Si puedes ser Plenamente Consciente de esto, entonces esta Realización te golpeará tan fuerte como una tonelada de ladrillos y finalmente todo Esfuerzo desaparecerá...

En el momento en que el esfuerzo ha desaparecido, estás Ahí.

"En el viaje del Despertar, el primer y el último paso es ser consciente de donde realmente estás."


Sri Amma Bhagavan.


 Compartido por Facebook: Ananda Diksha Chile. 

Testimonio Parto en Casa.



México. Hay colectivos de madres que unen a mujeres que quieren colectivizar la experiencia de la maternidad dentro de una sociedad urbana e individualista. Comparten experiencias, se acompañan, enseñan y aprenden junto con otras mujeres que no quieren que la crianza sea un acto privado.
Mara Montes, integrante de un colectivo, ofrece un relato del parto en casa en el que vio la luz Matilde, su segunda hija, acompañada de su familia y la partera, tal como lo decidió la madre.

Escribo estas líneas con una mano. Llevo así varias noches, cargando y amamantando, mientras trato de congelar el recuerdo de uno de los momentos más importantes de mi vida.

Matilde, mi segunda pequeña, nació el viernes 21 de diciembre de 2012. Sí, el día en que se iba a “acabar el mundo”, o por lo menos, el fin del 13 Baktún. En esta casa resultó que sí comenzaba una nueva era.

Mi Mercedes, de tres años y medio, nació en casa tras un embarazo con mucho vómito pero también con mucha salud. Este segundo embarazo fue muy distinto, especialmente porque casi al terminar el primer trimestre tuve una tremenda amenaza de aborto que me guardó en cama un mes y otro más me tuvo en reposo. Me levanté de la cama al final del verano con una barriga con la que no me había acostado, y con achaques varios por tanta inmovilidad. Fuimos directo al curso psicoprofiláctico en el mismo lugar donde lo tomamos la vez pasada. Volvimos porque quería estar lista para un parto en casa, con un equipo bien preparado, en la intimidad de mi recámara, con mi familia.

Durante largos meses sentí muchas más contracciones, algunas molestas, otras muy intensas y otras perfectas, que dejaban ver el vientre redondo, un útero fuerte preparándose para un trabajo que vendría meses después. En el curso, meses antes, aprendí que en el segundo parto las contracciones no son tan ordenadas como en el primero. Analizando mi experiencia anterior, nos dimos cuenta de que yo tolero bastante las contracciones, tanto que hace tres años creí que el parto apenas comenzaba cuando en realidad ya estaba casi al final, en la etapa de transición.

Como todos los jueves de psicoprofiláctico, Mercedes se fue a dormir con los abuelos. Rodrigo y yo tuvimos consulta de la semana 39 con Gloria, la doctora-partera que nos atendió en el nacimiento de Mercedes. Todo muy bien, bebé bien acomodada, empezando a encajarse, pero aún arriba. Hicimos la lista de las cosas necesarias para el parto en casa: protectores de cama desechables, bote de basura, recipiente para la placenta. Yo con contracciones, nada que mereciera mi atención.

Nos quedamos al curso, hicimos ejercicio, charlamos, y nos fuimos a casa porque estaba cansada. A la salida, le pedí a Rodrigo que manejara despacio, pues me incomodaban las contracciones “de chocolate”. Pensé que era porque estaba cansada. Pasamos frente al súper y pensé en bajar de una vez a comprar lo que faltaba de la lista, pero decidí ir ya a descansar: “Lo haré mañana”, pensé. Ya en casa, casi a las 11 de la noche,  me acosté a leer, a tontear en el celular, y se fueron casi dos horas. Las contracciones no cesaban a pesar de mi descanso.

A las 12:40 de la mañana le dije a Rodrigo que Matilde iba ya a nacer y aún no teníamos nada listo. “Tranquila, por favor, todo está listo, faltan detalles”, respondió. Pero recordé algo de la consulta: ¡Gloria había llevado a esterilizar los instrumentos a Iztapalapa! Rodrigo me dijo que él vio otros instrumentos. Le pedí que me preparara un taco para cenar. Juntos sacamos la ropita, cobijas y toallitas que ya estaban lavadas, el cambiador, las sábanas limpias de uso rudo; movimos un buró que estorbaba. El cubrecolchón para el parto estaba en casa de mis papás, pero pensé: “si le digo a mi mamá que venga, ¿quién se va a quedar con Mercedes?”. Mi papá solo no puede cuidarla.

Casi a las 3de la mañana le mandé un mensaje a mi mamá avisando que tenía contracciones y que seguramente el parto sería el día siguiente. Creo que ya no durmió. Nosotros nos acostamos en cuartos distintos y yo traté de dormir, pero las contracciones me despertaban. En una libreta escribí “21 del 12 del 2012, buen día para empezar” y anoté la hora en que sentí las contracciones. A las 4 de la mañana vi que no paraban, que estaban espaciadas entre siete y 12 minutos. Decidí meterme a la tina. Era hora de avisar a la doctora.

 Desperté a Rodrigo para avisarle que estaría en el agua, que estuviera pendiente de mí. Trató de comunicarse al celular de Gloria a las 4:11 horas. No respondió (no tenía pila), marcó a su casa… y no entró la llamada. Bueno, a relajarme un rato en el agua. Las contracciones, cada vez más fuertes, ya no en el vientre, empezaron a ser en las lumbares. Esto me sacó un poco de control, así que recordé el parto de Mercedes. “Tengo que concentrarme y relajar, relajar, relajar”, me dije. Media hora después salí del agua, la pelota no me acomodó mucho. Mi pelvis me pidió movimiento y bailé un poco las contracciones, una gran luna de cadera para pasarlas, bendita danza… y Gloria aún no respondía.

Le escribí un mensaje a las 4:46 de la madrugada. “Contracciones de 60 segundos cada siete minutos, más cortas si estoy en agua”. Era tiempo de avisar a mi hermana, casi a las cinco, para que fuera a casa de mis papás a cuidar a Merce mientras mi mamá venía conmigo. Seguí con contracciones, cada vez más intensas, y Ruy me ayudó a relajar presionando la zona lumbar. Sentí que perdía un poco el control al no conseguir localizar a Gloria, así que llamamos a Mireille. Estaba atendiendo otro parto y me preguntó si ya había llamado a la nueva casa de Gloria. “Ah, ¿se mudó?”. Nunca nos aseguramos de tener el número correcto, no sabíamos que se había mudado. Soy una despistada. En los papeles del curso venía el teléfono correcto. Ruy lo buscó, la llamamos y la encontramos al fin a las 6:15 de la mañana. Qué alivio.

Eran casi las siete cuando me metí a la tina otra vez. No aguantaba la intensidad de las contracciones, no estaba concentrada. Puse el agua de lo más caliente y me acosté. Me di cuenta de que me estaba asustando un poco. “No voy a tener miedo, no, ya pasé por esto, yo quiero esto”, me dije. Rodrigo estaba organizando cosas, acercando mesas, pero le pedí que no se alejara, que se sentara a acompañarme. Invoqué en voz alta a la fuerza milenaria de todas las mujeres que han parido, la fuerza de toda la humanidad: “Soy y me siento parte de esa fuerza, esto es lo que yo elegí, así lo quiero, claro que puedo”.

Entonces llegó mi mamá. Rodrigo continuó con la organización (quitó un buró, revisó la lámpara de emergencia) mientras mi mamá me acompañaba. Revisé las contracciones, cada cinco a siete minutos. El agua caliente me relajó, pero después de un buen rato me empecé a sofocar. Salí bruscamente de la tina, fastidiada por el calor. Traté de secarme, pero vino una contracción muy fuerte: “Rodrigo, corre, ven a apoyarme, presión”. Me puse mi bata pero ya no logré secarme. Mi mamá trató de ayudarme. Sentí que sudaba frío, que no lograba secarme ni caminar ni concentrarme, ¡qué tremenda intensidad la de estas contracciones! Mi cama está a dos o tres metros de mi baño, y tardé como 20 minutos en llegar hasta ella, pues cada paso traía consigo una gran contracción.

Llamé a Ruy, lo abracé y me colgué un poco en sus brazos mientras él me presionaba la espalda y aliviaba la fuerza de la contracción. Me sentí bien y segura, cuidada, pero qué cosa tan avasalladora. Rodrigo se fue a acomodar la cámara. En un punto sentí ya las ganas de pujar, así que pedí que llamaran nuevamente a Gloria. Ya estaba muy cerca de la casa. Me sentí aliviada, pues no quería sentir el pujo hasta no saber que ya era hora, hasta que ella me revisara. Sé mucho sobre el parto, y sé que, si aún no es tiempo, pujar podría hacernos daño.

Finalmente llegué a la cama que mi mamá y Ruy prepararon, me subí en cuatro puntos y pensé “ya no me voy a mover”. Así me encontraron Gloria, Lluvia -su hija ayudante- y Luna, la pediatra (ya sé… ¡qué combinación de nombres!). Las escuché correr, acomodar todo, pero no veía nada, estaba ya muy concentrada. De pronto vino una ola tremenda de contracción, apenas alcancé a avisar: “Gloria, ¡pujar!”, y ella vino y me revisó. Ya estaba completa la dilatación, la bebé aún arriba, pero no faltaba mucho.

Con la contracción del tacto se rompieron membranas. Yo, algo cansada ya, al oír que la bebé estaba un poco arriba no lo dudé ni un segundo. Decidí bajar al piso en cuclillas, como cuando nació Mercedes. No le di tiempo a nadie de nada. Es que mi cuerpo no me daba tiempo ya a mí. Rápido pasaron la silla para Rodrigo. Lo apresuré, no logró ni acomodar la cámara, y me acomodé en un segundo. Sentí que el cuerpo trabajaba para sacar a mi hija. Le pregunté a Gloria qué hacer y ella me dijo que no pujara, que sólo guardara la respiración durante cada contracción.

Sentí entonces la contracción poderosa que bajó su cabecita y escuché a Gloria decir: “Ya está ahí coronando”. Inmediatamente después llegó la siguiente contracción, que sacó su cabeza completa. Hasta la doctora pareció sorprendida, fue muy rápido y la cabeza ya estaba fuera, y no nos acabamos de dar cuenta cuando mi cuerpo sacó el cuerpecito entero de mi Matilde. ¡Qué placer, qué gozo! La tomó Gloria y se acercó la pediatra para secarla mientras yo la tenía en mis brazos. Me inundé de satisfacción, de logro, de amor loco, ¡qué ganas tenía ya de conocerte, Matilde! Escuché a mi mamá y a Rodrigo llorar suavemente de alegría.

Luna estaba secándola, pero pensé: “Es mi niña, yo soy su madre, no tengo miedo y quiero hacerlo yo”. Le pedí la toalla. Sequé a mi hija, la limpié de líquido y de sangre, la calenté en mis brazos y la puse en mi pecho. Sentí que succionaba fuerte, una guerrerita poderosa que acababa de nacer. Nos quedamos unos minutos deliciosos así, y ya que sentimos un poco de frío, la vistieron y le dieron los cuidados de recién nacido. Gloria nos mostró el cordón umbilical vacío, ya habían pasado a mi hija las células que tanto bien le hicieron, ya Rodrigo podía cortarlo. Escuché, mientras en una contracción última salía la placenta, la boquita de Matilde chupando sus propias manos; un ruido fuerte, presente, y supe que esta niña ya era.

Un mini desgarro, claro. Me avisó mi mamá que mi hermana ya había llegado con Mercedes y mi papá, pero no quise que entraran mientras me suturaban. Después de unos minutos no lo vi tan grave. Mercedes estaba preparada para presenciar el parto. Hablé por teléfono con ella y le dije que si recordaba que Matilde vendría pasando Navidad. “Pues adivina qué, ¡se adelantó la traviesita para darnos una sorpresa!”.

Mercedes entró en pijama a nuestro cuarto, con esos ojos de lucero miró a su hermana, sonrisa toda, y la besó de una manera tan espontánea, tan sincera. Luego miró curiosa lo que me hacían, le expliqué lo que pasaba, y no podía dejar de besar a su hermana, quien no podía dejar de tomar pecho, confiada en la sabiduría del cuerpo de su mamá.
 ¿Qué otra experiencia podría estar más llena de amor?


Testimonio recogido por Paulina Santibañez. Escrito por Mara Montes Margalli.   

Publicado el 11 de febrero de 2013

http://desinformemonos.org/2013/02/invoque-a-la-fuerza-milenaria-de-todas-las-mujeres-que-han-parido/

jueves, 14 de marzo de 2013

La mujer en la Tierra.




Mi corazón de mujer es rociado con el dulce néctar de sanación que la Madre Cósmica me entrega. En este momento soy parte del Círculo Sagrado de Mujeres de Luz, y unida a mis hermanas, activo mi fuerza espiritual para irradiar energía amorosa a través de mis manos y mi conciencia. Te pido Madre Cósmica que bendigas mis manos y las manos de mis hermanas en todo el mundo para poder canalizar aquí y ahora tu Luz Sanadora hacia la Madre Tierra. Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu paz. Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Luz. Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Amor. Ayúdanos a despertarnos como Mujeres Sagradas, guerreras del Amor, defensoras de la Vida. Acompañada por la Fuerza espiritual de todas mis hermanas envuelvo a la Tierra en una Luz intensamente Violeta y la limpio de todas las heridas. Libero en este instante su dolor y sufrimiento y envuelvo a la Tierra en una serena Luz Rosada, llenando de vibración amorosa cada rincón de este planeta. El poder gestante de mi útero se une al poder gestante de los úteros de mis hermanas, y entre todas formamos un círculo sagrado de protección para la Madre Tierra. Estando juntas y conscientes de nuestro poder femenino unificado, nuestro Amor es un arma concreta, más poderosa que cualquier arma de guerra. Abro en mis circunstancias actuales canales hacia la Gracia Divina. Me comprometo a Ser Guardiana de la Madre Naturaleza, amando y cuidando todo lo que la Diosa ha creado en la Tierra. Me comprometo a mantener viva esta oración día tras día, fortaleciendo el Círculo de Mujeres de Luz. A través de mis actos cotidianos me comprometo a sembrar Amor en la Tierra.


                             

Autor Desconocido.

Compartido por Mujer Arcoiris.






miércoles, 13 de marzo de 2013

Mango beneficios


El mango es un alimento de sabor exquisito, de fácil consumo y, además, muy saludable. Razones por las que se recomienda a cualquier edad.


Beneficios del mango

1- Por su contenido en potasio tiene un efecto diurético. Es muy bueno para personas que necesiten eliminar líquidos.

2- Tiene magnesio.

3- Un mango maduro de 200g aporta la cantidad diaria recomendada de vitamina C y un 30 por ciento de vitamina A. Es ideal para las personas que no toleran otras fuentes de vitamina C.

4- Los mangos tienen fenoles que son anti-oxidantes poderosos.

5- Es rico en hierro.

6- Es rico en selenio.

7- Tiene una enzima similar a la de las papayas que ayuda a tener una buena digestión. 

8- Por su contenido de vitamina B es recomendable para el buen funcionamiento del sistema nervioso, el metabolismo y la salud de la piel.

9- Se dice que el comer mango es una buena manera de prevenir la caída del pelo. 

10- Se cree que ayuda a combatir el insomnio, nos ayuda a estar más tranquilos y prevenir la debilidad muscular.

11- En la India son usados para tener una sangre saludable y por lo tanto útiles para mujeres durante el periodo o para tratar anemias.
                                      


  Compartido por La Bioguia
  http://labioguia.com/labioguia/el-mango-y-sus-propiedades/

martes, 12 de marzo de 2013

Decálogo de la Madre según la Psicogenealogía


1.-He parido un hijo que no es mío. Lo entrego al mundo.
2.-Este hijo no ha venido a cumplir mi proyecto, ni los proyectos de mi árbol genealógico, sino el suyo propio.
3.-No lo bautizo con ningún nombre ya presente en el árbol, ni con nombres que le impriman un destino.
4.-Se lo doy todo, lo crío con afecto, sin dejar de ser yo misma, sin adicción al sacrificio, sino con responsabilidad y desde la libertad.
5.-Le ofrezco herramientas que ayuden a construir el edificio de su propia vida, pero acepto que tome libremente las que el juzgue adecuadas y rechace las inadecuadas para él. Me doy cuenta que la mejor manera de enseñar a un hijo no es con mítines, ni con límites, sino con el ejemplo.
6.-Acepto que deje de llamarme “mamá” cuando él lo decida, para pasar a llamarme por mi propio nombre, porque así rompe lazos de dependencia y la relación entre ambos se equilibra.
7.-Le permito y facilito que tenga un espacio privado e íntimo en la casa que sienta como su propio territorio.
8.- En cuanto a la elección de sus amistades, de su carrera, de sus actividades de ocio, etc., le escucho, le doy mi parecer, pero no selecciono nada por él, ni le prohíbo ni lo obligo.
9.- Dejo que mi hijo cometa errores, que se caiga, que no sea perfecto. Comprendo que cada fracaso es un cambio de camino y con ellos se crece cada día; si lo protejo demasiado lo bonsaitizo, nunca será adulto.
10.-Jamás definiré a mi hijo (“es tranquilo”, “eres nervioso”, “es tímido”…), porque entiendo que los niños se forman su autoconcepto a partir de lo que sus padres dicen de él. Le transmito que dentro de él están todas las posibilidades del ser, lo es todo en potencia.


      Compartido por: Círculo de mujeres- Corazón de luna. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Llegó el momento de actuar.


 

Abre tus ojos, la vida celebra. Extiende tus manos, la vida danza. Despierta tu corazón, la vida vibra. La existencia te invita que te sumerjas en la frecuencia del amor, para que tu divinidad humana estalle en infinitos colores. Un nuevo mensaje, disfrazado de palabras, viene a darte impulso. Hay que colorear la Tierra con fragancias sutiles. El mundo necesita que liberes lo más puro de tu esencia. Nuevos aires deben abrazar el cielo. Vinimos a sumar. Vinimos a irradias. Vinimos a transformar. Llegó el momento de actuar.

¿Cuánto tiempo más esperarás para dar el salto? Puedes traspasar las fronteras de tus limitaciones. Puedes volar más allá del horizonte. Sólo es necesario que recuperes la confianza. Tu espíritu sabe que tiene una inmensidad por dar. Hay una voz, que desde dentro, clama porque la escuches. No la silencies, es tu verdadera guía. Ignorarla equivale a quedar muerto en vida y condenarse a caminar en las sombras.

El futuro es sólo una proyección. El pasado sólo un recuerdo. Existe únicamente este instante. No sigas postergando por miedo. Nadie más que tú sabes cuántas ganas tienes de vivir una vida distinta, lejos de las presiones sociales y de los cuestionamientos sin sentido. Todo es cuestión de elección. Si siente que no estás donde tu alma se siente plena, date el permiso interno y simplemente salta. 

Ríe, sueña, ama, baila, disfruta, qué importa que se rían de ti. Haz cuenta que tu locura se vuelva contagiosa. Celebra con la existencia. La frecuencia del amor llama a tu puerta, ábrele. Deja que te impregne con su magia. Goza. Permítele que libere la presión de tu pecho. No deberías irte de este mundo sin haber dejado todos aquellos regalos que trajiste para dar. Sabes a lo que me refiero. Sólo tienes que animarte.


Julio Andrés Pagano, libro "Despertar, la clave para volvernos más humanos".

Los grupos de madres consiguen reducir la mortalidad neonatal.





Los grupos comunitarios de mujeres han conseguido una extraordinaria reducción de las tasas de mortalidad en algunas de las zonas más pobres de la India, según un estudio publicado en la revista científica Lancet, y presentado por el Dr. Anthony Costello en el Congreso Interatlántico sobre Parto e Investigación en Salud Primal, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria del 26 al 28 de febrero de 2010. Además, el apoyo de los grupos de madres proporcionó una reducción significativa de la depresión materna y la mejora de la capacidad de las mujeres para tomar decisiones.

Cada año, alrededor de 4 millones de niños mueren en todo el mundo durante el primer mes de vida. Menos de un cuarto de los 68 países en los que se centraban los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (reducción de la mortalidad infantil por debajo de los 5 años de edad en 2/3 para el 2015) están en camino de conseguir ese objetivo.

Un estudio anterior, llevado a cabo en Nepal y publicado en Lancet en 2004, apuntó que los grupos participativos de mujeres podrían conseguir un impacto significativo en la salud neonatal en los países más pobres, mucho más que el contacto individual con un profesional sanitario. En ese proyecto, se consiguió una reducción de la mortalidad neonatal de alrededor de un tercio.

Para ver si estas conclusiones se podían aplicar a otros países, los investigadores repitieron el ejercicio en Jharkhand y Orissa, dos de los estados más pobres de la India. En estas regiones mueren, respectivamente, 49 y 45 bebés de cada 1000 niños que nacen vivos, una tasa de mortalidad neonatal muy por encima de la media en la India, estimada en 39 de cada 1000 nacidos vivos. Como término de comparación, en Gran Bretaña esa tasa es de 4 de cada 1000 nacimientos.

Entre 2005 y 2008, un equipo de investigadores dirigido por el catedrático británico Anthony Costello, del Institute of Child Health, UCL (University College London), y el Dr Prasanta Tripathy, de la organización india de voluntariado Ekjut, evaluaron cómo afectaban los grupos de mujeres a la mortalidad neonatal y la depresión materna en las zonas donde se realizó la intervención, comparado con zonas donde no se impulsaron estos grupos participativos.

En cada grupo actuaron como facilitadoras mujeres reclutadas en la zona, respetadas en la comunidad, no profesionales de la salud, por lo general casadas y con alguna escolarización. El número de mujeres que formaron parte de los grupos fue aumentado de 1 de cada 6 mujeres en edad reproductiva (17%) durante el primer año, a más de la mitad (55%) durante el tercer año. En total, se registraron datos de 19.030 nacimientos durante esos tres años.

Las mujeres trabajaron a través de un “ciclo de acción comunitario” en cuatro etapas, identificar los problemas asociados al embarazo, el parto y el cuidado de los recién nacidos; desarrollar estrategias para hacer frente a esos problemas, como mejorar la higiene, conseguir fondos y producir sus propios kits básicos para el parto; trabajar con los líderes locales comunitarios, maestros, políticos y otros para implementar estas estrategias, y evaluar el éxito de estas intervenciones.

“Fue crucial que las mujeres pudieran pensar por sí mismas en los problemas y desarrollar sus propias estrategias para hacerles frente, más que decirles lo que tenían que hacer”, según el Dr. Nirmala Nair de la organización Ekjut “Pensamos que una facilitadora entrenada que apoya el aprendizaje entre iguales es más eficaz para conseguir un cambio duradero en el comportamiento que el enfoque tradicional basado en un instructor que enseña al que tiene que aprender”.

El efecto de las intervenciones fue espectacular: en el segundo y el tercer año del ensayo, en las áreas donde se impulsaron los grupos de mujeres la mortalidad neonatal se redujo en un 45%. En estas zonas también se redujo significativamente la depresión materna, en un 57%.

“Observamos un cambio en el comportamiento: mejores prácticas de higiene, y mejor cuidado de los recién nacidos”, explicó el profesor Costello. “Se pasó de prácticas perjudiciales como dar a luz en lugares sucios o retrasar el inicio de la lactancia, para mejorar significativamente la higiene básica por parte de los asistentes al parto, el corte del cordón umbilical y la respuesta inmediata de las madres a las necesidades de cuidado del recién nacido”.

Los investigadores creen que la mejora del capital social –el acceso al grupo proporcionó a las mujeres una mayor red de apoyo de iguales– fue el aspecto más valioso de los grupos y contribuyó a la mejora de las prácticas en el parto y el cuidado de los bebés, y en la reducción de la depresión materna. Eso también podría explicar por qué estos grupos tuvieron un éxito mucho mayor que las intervenciones directas de los profesionales de la salud.

“Muchas mujeres de estos grupos serían mujeres relativamente jóvenes, con matrimonios pactados por las familias, que viven sólo con su suegra o con una red muy limitada de amigas que le proporcionen apoyo”, explica Audrey Prost, de la UCL. “Los grupos empoderan a las mujeres para que tomen medidas preventivas y puedan hacer frente a los problemas de forma más efectiva cuando surjan. Si has estado en un grupo y surge un problema, tienes una red de apoyo inmediata a la que puedes acudir”.

Los investigadores estiman que el coste adicional de dar apoyo a estos grupos por cada vida salvada fue de alrededor de 910$. No obstante, queda abierta la cuestión de quién pagaría para apoyar este tipo de grupos: el gobierno estatal o federal, organizaciones no gubernamentales, o una combinación de los dos.

Los autores explican que “los grupos de mujeres facilitados por otras mujeres redujeron la mortalidad neonatal y la depresión materna moderada, con un bajo coste, en poblaciones ampliamente tribales, rurales, del este de la India. El mecanismo más probable de reducción de la mortalidad es la mejora de la higiene y las prácticas de cuidado”. Además, “los grupos participativos tuvieron la ventaja de ayudar a los más pobres, se pueden aplicar a mayor escala, tienen un bajo coste y producen efectos duraderos de gran alcance. Al enfocarse hacia su conciencia crítica, los grupos tienen la capacidad de mejorar las habilidades de la comunidad para hacer frente a las dificultades relacionadas con la salud y el desarrollo, surgidas de la pobreza y las desigualdades sociales”.

La revista Lancet publica un segundo estudio llevado a cabo por el mismo equipo, también sobre formación de grupos de mujeres, pero esta vez en Bangladesh. En este país, no se consiguieron resultados tan espectaculares como en la India. No obstante, en este caso, los investigadores creen que una serie de aspectos influyeron en los resultados: la imposibilidad de conseguir una red suficiente de grupos de mujeres, como ocurrió en India, o el reclutamiento de mujeres embarazadas como en el estudio realizado en la India.

Referencias

Manandhar DS, et al. Effect of a participatory intervention with women's groups on birth outcomes in Nepal: cluster-randomised controlled trial. Lancet. 2004 Sep 11-17;364(9438):970-9.
Abstract.

Tripathy P et al. Effect of participatory intervention with women's groups on birth outcomes and maternal depression in Jharkhand and Orissa, India: A cluster-randomised controlled trial. Lancet. 2010 Mar 5. [Epub ahead of print].
Abstract.

Azad, K. et al. Effect of scaling up women’s groups on birth outcomes in three rural districts in Bangladesh: a cluster-randomized controlled trial. Lancet. 2010 Mar 5. [Epub ahead of print].
Abstract.


Artículo publicado por Crianza Natural.